Nació en un pueblo cercano a la capital del mundo, Bilbao.

Allí empezaron las suceduras de una niña simpática y risueña que no paraba de cantar y jugar. Cuando se fue haciendo mayor, con sus amigos encontró cobijo, autodescubrimiento y ganas de hacer cosas. A los veintipocos, al acabar la carrera de motricista, curró y curró en una asociación que, un mundo le descubrió: el deporte adaptado, la discapacidad, y sobre todo, que el mundo está lleno de posibilidades. Después de un tiempo, y como de los amores, se aburrió y otro camino emprendió, soltando con cariño todo lo que le había llevado a una ciudad tan grande como Madrid, que, aunque en un principio no se dio cuenta, por fin descubrió la razón inconsciente que la trajo. ¡La madre que la trajo! y a la que echó de menos estando allí, después de tanto en que opositara insistir, fue la que le animó con esta nueva pasión a seguir. Entre el juego del vivir, y contagiada con un elenco de compañeros aprendió a sonreír.